Las variedades blancas, tras un ligero estrujado de las bayas, se conducen a modernas prensas neumáticas, donde, a muy baja presión (comparable a la bota humana), se obtiene el mosto virgen, que tras una cuidada decantación pasa a los depósitos de acero inoxidable para su fermentación.

El delicado proceso de transformación de mosto en vino se realiza a temperatura controlada y con una selección de las mejores levaduras autóctonas, para guardar todos los aromas que nos aporta el vidueño.

Una vez transformada el azúcar, los vinos comienzan a prepararse para su rápido embotellado, consiguiendo así vinos jóvenes aromáticos y naturales para ser degustados en su máxima plenitud.

La vinificación en tintos comienza con el estrujado y despalillado. Una vez liberado el grano, se procede a la maceración y fermentación de los hollejos con el mosto, que dependiendo de su destino, joven o crianza, ésta se alargará más o menos.

La crianza de nuestros vinos se realiza en cavas subterráneas, donde el vino reposa en la quietud de la tierra, en las mejores condiciones de humedad y temperatura.

El vino madura en contacto con la madera, seleccionada de los mejores bosques americanos y europeos. Tras el período de crianza en roble, el vino se embotella y reposa en la profundidad de la cava, desarrollando el bouquet, cuerpo y carácter antes de salir al mercado.